En un visto y no visto, el Barça pasaba de ir ganando a ir perdiendo. Jugando con ventaja el Valencia se empezó a encontrar cómodo, tirando contraataques con los Villa, Silva y Pablo como puntas de lanza y con el Barça intentando volver a coger la batuta.
Xavi e Iniesta empezaron a buscarse, garantía de dominio para el Barça, pero las ocasiones no llegaban. Guardiola hizo entrar a Henry por Keita, una apuesta por el gol. Pero entre la telaraña valencianista y las faltas tácticas, el Barça se fue desmontando, incapaz de encontrar la portería de César.
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Viendo cómo se ponía el partido, Guardiola dio entrada a Gudjohnsen por Xavi para dotar de músculo a su equipo de cara al arreón final. A falta de juego había que apelar a la épica. O a la suerte del campeón. Y llegó a partes iguales, a la salida de una falta, cuando César midió mal, el rechace le llegó a Henry y el francés marcó su sexto gol al Valencia (2-2, 85).
El empate desató la euforia. Tal como estaba el patio era una buena noticia, una gran noticia. Hubo cinco minutos de descuento y más tensión pero ninguna ocasión clara de gol. El empate sirve. El Barça, pase lo que pase en el Bernabéu el sábado que viene, pase lo que pase en Sevilla mañana, saldrá de Madrid como líder. Pero antes le toca al Real Madrid de Juande demostrar que sabe competir en el Sánchez Pizjuán...
