El mandatario alucina: "Cuando pierde un balón, o lo recupera o hace falta. Los nuestros se cruzan de brazos"
Brasil es un país en el que el fútbol es religión, en el que cada partido de la selección se vive como una final y sus jugadores son ídolos nacionales.
Ese país, enfrentado deportivamente, e históricamente, con Argentina, un caso similar en cuanto a afición, está gobernado por Ignacio Lula da Silva, que, pese a todo, se declara fan incondicional de un futbolista de la selección albiceleste. Como no podía ser de otra manera, se trata de Leo Messi, un jugador cuya calidad traspasa fronteras... y rivalidades.

Para el presidente brasileño, el menudo delantero del Barça es "el mejor futbolista del mundo". Sin discusiones, sin argumentaciones. Para el mandatario, nadie puede discutir esta máxima. Y cuando lo define así, no lo hace por sus regates ni sus goles, algo que, incluso los que no entienden de fútbol, pueden disfrutar, sino porque "cuando veo a Messi perder una pelota, él sale corriendo hasta recuperarla o hacer una falta".
Y aprovecha su análisis para atacar a la selección brasileña, a la que cree que le falta sacrificio: "Los nuestros pierden una pelota y se cruzan de brazos". Lula, que además de presidente brasileño es un gran aficionado al fútbol, considera que la "canarinha" está viviendo un proceso en el que hay que revisar a fondo su primer equipo: "Brasil vive un recambio difícil de jugadores", asegura el mandatario brasileño.
Uno de los problemas que identifica Lula como causante de esta crisis que vive la selección brasileña es la gran cantidad de dinero que perciben los jugadores y, sobretodo, el hecho de hacerlo "precozmente". Y explica: "Hay atletas ganando mucho dinero antes de probar que son buenos". Una de las soluciones que propone para cambiar la dinámica es "borrar la idea de que el jugador, para ser convocado, necesita estar actuando en el exterior", considera el máximo dirigente brasileño.